“Harina de otro costal”, de Ana Cepeda Étkina

Harina de otro costal 001George Orwell decía que la historia la escriben los vencedores, y solo hay que leer 1984 para intuir, nunca mejor dicho, por dónde van los tiros. Claro que, de esa manera, es lógico que nuestra visión de los hechos se vea ligeramente sesgada, lo que hablando con propiedad se denomina desinformación.

Para neutralizar la basura desinformativa es necesario que de vez en cuando surjan libros valientes, como el de Ana Cepeda, que nos ayuden a ver lo que sucedió de verdad, sin toda esa contaminación mental de los desfiles triunfales y las fanfarrias del poder.

Su padre, Pedro Cepeda, fue un chaval malagueño que tuvo la mala suerte de nacer en ese periodo negro de la historia española: la Guerra Civil. Junto a otros niños españoles fue enviado a Rusia para evitar su muerte, lo que al final fue como huir del fuego para caer en las brasas. 

Es difícil no sentir simpatía y hasta fascinación por un tipo como Pedro Cepeda, una de esas personas con tal fuego interno que revientan si no dicen lo que piensan, algo que en una sociedad como la soviética, con el padrecito Stalin en el papel estelar de Dios Todopoderoso, te puede pasar factura. No es oro todo lo que reluce, ni siquiera en el “paraíso estalinista”, y para evitar que toda esa edulcorada fachada se viniese abajo, se prohibió el regreso a sus casas de todos aquellos niños que huyeron de la guerra para terminar en lo que más tarde se convirtió en una trampa para muchos de ellos mortal. Que Pedro Cepeda se propusiera huir de allí en el interior de un baúl clasificado como valija diplomática dice mucho de su arrojo, ingenio y determinación.

Ana Cepeda, basándose en un manuscrito de su padre, describe con sobriedad y oficio, sin sentimentalismos que podrían ser comprensibles pero enturbiarían la visión del lector, describe, decía, la Rusia comunista tal y como la vivieron muchos seres humanos que vieron cómo sus vidas se iban al garete por el brutal egoísmo y la arbitraria estupidez de un dictador y sus secuaces, y la estólida sumisión de un pueblo que se dejó engañar, pues la estupidez es sumamente contagiosa. Hambrunas, caza de brujas, encarcelamientos, palizas, torturas, campos de trabajos forzados… La escritora se mete en la piel de su padre y los diálogos que salpican el texto, cargados de chispa y vitalidad, nos hacen sentir cómo sin duda se sintieron sus protagonistas. Que el lector viva en sí mismo el miedo, la frustración y la impotencia de aquellos hombres y mujeres que se vieron de pronto en un callejón sin salida kafkiano es mérito de la autora.

Mención aparte merece Dolores Ibárruri, La Pasionaria, un mito con los pies de barro, quien supo hacer de la hipocresía y del refrán quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija una filosofía de vida. De ella procede la frase “tú eres harina de otro costal” que da título a este libro de memorias y supuso una suerte de condena existencial para Pedro Cepeda, pues en este mundo tener ideas propias puede ser muy peligroso. Ya lo dijo Johnathan Swift, todos los necios terminan por conjurarse contra ti.

 

14 de Agosto de 2014

Jorge Romera

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20 pensamientos en ““Harina de otro costal”, de Ana Cepeda Étkina

  1. Jorge: no solo me siento halagada con esta reseña sino que además, espero que éste sea el gancho que te haga desempolvar este blog, que es una joya.

    No solo me parece que has dado en el clavo, que no te sobra ni un punto ni una coma, sino que además no se nota la moderada simpatía que puedas tener por la autora del libro :-P.

    Creo que gracias a reseñas como esta “Harina de otro costal” cobra aún más fuerza, pues leyendo opiniones de un tipo culto y releído como tú, hace que el saco de harina pese aún más.
    De nuevo mil gracias.

    Ya sabes que seré “la primer” con la tuya.

    Besotes sin h.

    • Me encanta haber dado en el clavo, yo, que no sé ni coger un martillo… Ah, el trabajo…
      La gente debería leer este libro, porque está bien escrito y porque la verdad debe salir siempre a la superficie, por mucho que se esfuercen otros en ocultarla.
      Espero que tengas más lectores, muchos más, y si al final he podido contribuir a ello con mi granito de arena, ya me doy por satisfecho.
      Un abrazo.

  2. Bueno!!!!!!!! Nivel, nivelazo. Jorge, si no lo estuviera leyendo, si no supiera nada de él, con tu reseña me entrarían las ganas de hacerlo.

    Suscribo tus palabras, has dado en el clavo bajo mi punto de vista con ésto: “describe con sobriedad y oficio, sin sentimentalismos que podrían ser comprensibles pero enturbiarían la visión del lector, describe, decía, la Rusia comunista…”

    Ana podría haber novelado más, buscando el enganche facil, pero habría perdido esa sensación que te invade en todo momento de que lo que lees es real, sin concesiones al éxito o la popularidad de la escritora, tal cual, y al final es precisamente esa percepción de realidad la que ta atrapa. Eso actualmente no es facil de encontrar, y es por tanto un valor añadido.

    Y ahora, una vez desvirgado el blog de nuevo, lo que en si mismo es una contradicción pero ya nos entendemos, sácale las telarañas y espabila joder, que tu novela está en puertas, a punto de salir del horno calentita, y hay que moverse.

    Que tenga que venir también aquí a regañar, ya te vale.

    Besos a los dos

    • A falta de musas, buenas son harinas de otros costales para inspirar. No sabes lo orgullosa que me siento de haber contribuido a que rompa su silencio blogueril. Preparaos con el retorno de… !Asquerosamente sano!

    • Está claro: dando en el clavo no tengo rival. Y mira que nunca me ha dado por la carpintería. Será cuestión de ponerse y comprar una caja de herramientas. Por lo menos el nivel ya lo tengo.
      ¿Sacarle las telarañas al blog, dices? Uff, si vieras como está mi casa…
      Un abrazo, Inma.

      • Uy Inma! Eso suena a proposición (lo de “si vieras cómo está mi casa”) XDDDDD

      • Volviendo a Descartes (oh, sí), Jose me recuerda a su célebre genio maligno. Nuestro Jatz Me es una especie de geniecillo travieso, desvergonzado e ingenioso que todo bloguero que se precie estará encantado de tener como comentarista.

  3. Yo es que aún no me lo he leído, ya sé, no tengo vergüenza y blablabla pero es que yo en vacaciones leo menos que durante el resto del año. Y lo poco que leo son vuestros blogs, así que ya sabéis, o dejáis de escribir durante 3 meses para que me ponga al día, o no conseguiré nunca leer el libro de recetas de Ana (bueno, Jorge, tú más o menos lo has hecho jejeje)
    ¿Cuando sale al final tu libro?
    ¡¡Abrazos!!

    • Creo recordar(muy vagamente, eh) que Descartes escribió su “Discurso del método” durante un invierno metido en una habitación que era una especie de estufa. Yo no soy nadie para quitarle mérito al padre de la filosofía moderna, pero así cualquiera. Parafraseando el título de la peli de Jaime Chávarri, puede que las bicicletas sean para el verano, pero los libros no tanto (bueno, excepto el de Ana).
      No sé aún cuándo saldrá esa novela que se titula igual que este blog. Quizá en septiembre. O en octubre… (los puntos suspensivos son para los meses siguientes).
      Un abrazo, Jose.

      • A mí Descartes me suena a juego de cartas 😉 (Ciencias puras, ya sabes…)
        Los libros y las bicicletas son para el invierno, que hace frio. ¿Qué ventaja tiene subirte a una bici para sudar en verano, si eso ya lo consigues con sólo salir a la calle? El aire acondicionado se inventó para poder sudar en casa ;D
        Los libros (los malos), al menos en el formato clásico de papel, siempre te pueden servir como alimento para la hoguera en los crudos días invernales.
        A lo largo de la historia las quemas de libros han sido algo habitual.
        http://es.wikipedia.org/wiki/Quema_de_libros#Hitos_en_la_historia_de_la_quema_de_libros
        Ahora con los ebook es diferente y más peligroso, ya que las baterías ,además de explosivas, son tóxicas cuando arden. y todo eso…
        Eso sí, los libros arden mejor que las brujas, o al menos el olor es más soportable 😛 (con ello NO estoy diciendo ni insinuando DE NINGUNA MANERA que haya que quemar el libro de Ana, o que ella sea una bruja, que le das la vuelta a todo 😀 )
        A ver si me resuelves esta duda: ¿por qué aquí no se tradujo el libro de Ray Bradbury como “Celsius 233”? con lo dados que somos a cargarnos todos los títulos originales, hubiera sido más coherente con nuestra cultura y nuestro sistema de medidas. XDD
        ¡Abrazos, J!

      • Lo de quemar libros me recuerda a Pepe Carvalho, aquel detective privado creado por Vázquez Montalbán. Y aunque le cogí aprecio al personaje, nunca me he atrevido a quemar ningún libro (aunque a veces me he sentido tentado). Los libros, las bicis (estáticas incluidas) y todas las cosas en general son para cuando a uno le apetece, excepto el trabajo, que debería estar prohibido por ley.
        Lo de Bradbury, me atrevería a jurar sin mirar la wikipedia (que es como hacer trampas con las cartas), se debe a que Celsius 233 suena más a latín que una inscripción en una iglesia. Fahrenheit 451 (además de tener más haches que el subconsciente de Ana) es más sonoro, más anglosajón, más… vendible.
        Espero haber disipado tus dudas 🙂

      • Efectivamente, mi subconsciente me dice que orgasmo debería escribirse con H, cobraría más potencia, incluso, pero algún inquisidor lo debió de censurar. Todos sabemos que las haches y las efes son primas hermanas, de ahí que le quitaran la hache a forgasmo (dos palabras en una, qué más se puede pedir?)

      • En realidad, para que se cobrase más por su potencia, “orgasmo” debería escribirse con kw, abreviatura de kilovatio, pero con las nuevas tarifas eléctricas variables en función de la hora del día aprobadas por nuestro amado Gobierno, no hay quién se entere de nada, y así un orgasmo a las once de la noche podría resultar mucho más caro que a las diez de la mañana, todo lo cual podría cambiar dramáticamente los hábitos sexuales de los españoles. Y es que fornicar en horas de trabajo nunca ha estado bien visto (que te la metan doblada, sí).

      • Pues yo creo que los libros son más de verano, de hecho, éste ha sido de lo más veraniego. Cuestión de salida al mercado, supongo.

  4. ¿Vosotros dos no sabéis hablar como personas normales? 😛
    Yo le pillé manía al personaje de TV de Carvalho, el que interpretaba Eusebio Poncela. Los libros no los he leido, no puedo opinar sobre el personaje original.
    Yo no quemo libros. Prefiero donarlos a la biblioteca y que los lea más gente. Siempre les viene bien ampliar su catálogo de lecturas. 🙂
    Lo del sexo en horas de trabajo es una gran idea XDDDD

  5. Pingback: Harina de otro costal | La boticaria desquiciada

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