25 centímetros

Después de todo, la mayoría de nosotros volvía de los carnavales. Había gente disfrazada de Napoleón, de Cleopatra, de Atila el Huno e incluso de Bob Esponja. Así que no sé por qué debería haberme extrañado que aquel tipo se sentara en la butaca contigua a la mía, que estaba libre, cuando sobrevolábamos el Atlántico.

Yo estaba un poco cansado después de una noche entera bailando la samba, y sí, había bebido un poco, lo que no es excusa para lo que luego sucedió.

El tipo en cuestión debía tener unos treinta años, cabello rubio y un rostro agraciado, pero había algo en él, tal vez aquella expresión crispada, como si estuviese con las puntas de los pies en el vacío, al borde del precipicio, que debería haberme puesto en modalidad de alerta. Pero ya he dicho que estaba cansado y algo bebido, de modo que cuando tras una breve presentación me preguntó a quemarropa si el tamaño importaba, me quedé completamente bloqueado.

“¿El tamaño? ¿El tamaño de qué?”

“El pene. El falo. El miembro viril. La polla.”

“Vale, vale. Lo he pillado a la primera, soy de los que leen el diccionario mientras esperan en la cola del supermercado.”

Al parecer, el tipo había leído en no sé qué blog, “Territorio sin dueño” creo que dijo que se llamaba, que el tamaño del pene, falo, miembro viril, polla era fundamental para el placer femenino, y que sí, que realmente importaba y que ya estaba bien de tanto eufemismo y tanta ñoñería. La autora del blog, en un alarde de valentía divulgativa y un poco a la manera de la iconografía románica, que podía esculpir en un capitel o el tímpano de la fachada de una iglesia un pasaje bíblico para que el populacho analfabeto pudiera entenderlo, había considerado oportuno insertar al comienzo del post una fotografía en la que podía verse en todo su esplendor un cubo repleto de jugosos pepinos. Resumiendo, aquel pobre diablo se había obsesionado de tal manera que no podía pensar en otra cosa, cayendo en picado en una especie de espiral descendente de la que sólo le podría salvar el paracaídas de una autoestima fuerte. No hacía falta poseer los poderes deductivos de un Sherlock Holmes para colegir que aquel tipo no era ningún picha brava. Así que intenté levantarle el ánimo, subirle la moral, hacer de él, de nuevo, un ser humano.

“Créame, el tamaño está sobrevalorado.” 

“Pero la autora del blog…”

“Tonterías. Se trata de un mito, una leyenda urbana. Las mujeres son así, les gusta golpear donde más duele. Debería saberlo, usted ya no es un niño.”

“Pero es la pura verdad. Después de leer aquello me puse a pensar en todas las mujeres con las que me había acostado. Hubo un denominador común en todas ellas: a la hora de desnudarnos siempre se reían. Durante todo este tiempo pensé que se trataba de mi sentido del humor, siempre he sido un tío gracioso, o pensaba que lo era…”

“Vamos, vamos… Usted es un tío la mar de gracioso. ¡Jajaja! ¿Lo ve? Ya me ha hecho reír.”

“¡Se está burlando de mí, negro de mierda!”

Joder, no me esperaba esto, en serio. Uno intenta confraternizar, ayudar, buscar una comunión de almas, ser plenamente humano… y este capullo te sale con el tema racial. Y si hay algo que me saca de quicio es el racismo. En realidad no soy de raza negra, tan sólo me había disfrazado de Nelson Mandela, pero aquel comentario me dolió como si lo fuera.

“Sí, soy negro. Creo que eso salta a la vista.”

“Usted no puede comprenderme. Todo el mundo sabe que los negros tienen penes enormes.”

“Hágase un favor a sí mismo: no crea todo lo que oiga o lea, sobre todo si es un topicazo de ese calibre.” 

“Es fácil decir eso cuando se es un superdotado. ¡A ver, cretino simiesco, dígame cuánto le mide la polla!”

Estaba claro que aquel tipo tenía la cabeza como una jaula de grillos, que necesitaba ayuda especializada o un buen puñetazo en la boca, lo que resultase más rápido y barato. Yo debería haber actuado de otro modo, pero ya he dicho que estaba cansado y, ahora, más que enfadado. Me sentía furioso. Estaba iracundo. Un volcán iba a entrar en erupción en el centro de mi pecho de un momento a otro. Aquel infeliz necesitaba un punto de inflexión en su vida, un cortocircuito sináptico que le hiciese ver la luz al final del túnel. Aquel imbécil necesitaba una verdadera epifanía. 

“Mira esto, eunuco”. Y tras esta invitación, me la saqué ahí mismo, delante de sus narices. Veinticinco centímetros de carne de primera calidad, el orgullo de mi familia, algo digno del dios Príapo. “Cuando estuve en Escocia me dio por bañarme en pelotas en un lago de por allí, y todo el personal empezó a disparar sus cámaras como locos creyendo que habían visto a Nessie, ya sabes, el monstruo del lago Ness. ¿Que si el tamaño importa? Joder, colega, es lo único que importa. Deberías saber que es el motivo número uno en la lista de suicidios masculinos después de la alopecia”. 

Ahora sí que tenía la expresión crispada, y con razón. La bocaza abierta, los ojos desorbitados… No tenía muy buen aspecto, no. Entonces se levantó y por fin pude ver de qué iba disfrazado. El muy capullo se había vestido con un traje de piloto de aerolínea comercial. Luego, con el paso vacilante, se dirigió hacia la cabina de vuelo, abrió, y se metió en ella. Pensé que aquello era imposible, que los pasajeros tenían prohibido el acceso. A no ser que… ¿por eso las azafatas le habían saludado con una risita cuando pasó junto a ellas? Fue entonces, en mitad de estas reflexiones, cuando las alarmas se dispararon y el avión comenzó a perder altura vertiginosamente.

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Jorge Romera 

23 de enero de 2013

 

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91 pensamientos en “25 centímetros

  1. ¡Cómo me he reído! Buenísimo, Jorge, de verdad, genial. Ese Nelson Mandela fuera de sí exhibiendo a Nessie en pleno avión, ese piloto rubiales y guaperas que pensaba tener un enorme sentido del humor… Y ese final… ¡Magnífico! Al leerte me viene a la cabeza la palabra esperpento, pues lo que escribes es tal como la vida misma pero desmesuradamente exagerado, completamente fuera de medida, que aún siendo así hasta rozar el absurdo nos parece lógico y razonable, plausible, y nos arranca sin opción a resistirnos una enorme carcajada.

    Sigue así, por favor, no dejes de hacernos reír y, de paso, también, pensar en un poco al vernos reflejados en este espejo que, gracias a la distorsión que lleva la realidad al extremo, nos permite vernos sin más tal y como somos.

    Besos

    • Los caminos de la inspiración son inescrutables. Este relato se escribió a sí mismo en mi cabeza, ayer por la tarde, mientras pedaleaba en la clase de spinning.
      Escribir tiene dos recompensas: la sensación íntima y electrificante que produce la creación, y la satisfacción personal de hacer pasar un buen rato al lector. Por eso, estoy encantado de que te haya gustado, y una vez más, agradezco esa sinceridad.
      Un abrazo, Carmen.

  2. Jajaja. Jorge! Que grande eres! Lo que me he reído, y el final apoteósico.
    Sí que te marcó el post, no quiero insinuar yo nada,…¿o el tuyo es autobiográfico? Si es así me alegro por ti y por tu novia, pero preocupada me quedo de haber podido propiciar una catástrofe, si lo llego a saber voy con más cuidado, que está la peña muy susceptible. Ay! cuanta influencia tiene ya una en la blogosfera ja ja.
    ¿Sabes que un exnoviete comentó y todo dándose por aludido?
    Nada, que me ha encantado, está como siempre muy bien escrito, y con un punto de humor genial, gracias por nombrarme, y si no te importa, me gustaría enlazar éste en el mío, para rematarlo y completarlo, que es muy divertido.
    Muchos besos Jorge, voy a leerlo otra vez.

    • Ay, mi modestia, sólo comparable a mi talento, me impide satisfacer tu lógica curiosidad. Podría explayarme, cómo no, dar rienda suelta a mi verbo fluido y hablar con la autoridad de un terrateniente de anchuras, longitudes y perímetros… Pero no caeré en la tentación. Mi modestia…, en fin, mis labios están sellados.
      Naturalmente, estaré encantado de que enlaces mi relato en tu post (junto a la foto de los pepinos, por alusiones, estaría bien, si me permites la sugerencia).
      Un fuerte abrazo, Inma, y gracias sinceras por tus palabras de elogio. Digan lo que digan, un escritor siempre está necesitado de ellas.

  3. jajajajajajajaja… con los 25 cm. al fondo del mar… cómo me he reído… pero… ¿realmente importa? Sea lo que sea lo que se tenga entre las piernas yo pienso que lo grande debe ser el uso que se le de, pues en ello se incluye además del cerebro todo el cuerpo. Jajaja… muy bueno Jorge. Gracias por compartir. Un abrazote grande.

    • El hombre siempre se ha obsesionado con las cantidades, las medidas, los records, en esencia, los números. Correr la milla en menos de 4 minutos, el hectómetro en menos de 10 segundos, el maratón en 2 horas; subir las 14 montañas de 8.000 metros; conseguir el primer millón antes de cumplir los treinta… ¿El tamaño importa? Sólo responderé a esa pregunta en presencia de mi abogado 🙂
      Un fuerte abrazo, Alej. Y gracias a ti por leerme.

  4. El tamaño importa. Vamos que si importa. Si no, que le pregunten a los que iban en el avión.
    Un magnífico relato. Digno del gran escritor que eres.
    Gracias por hacérmelo pasar tan bien. Ahora ya no me preocupa tanto que lo mío sólo tenga 24,5 cms.
    Un abrazo.

  5. ay chico, casi me despiertas de mi letargo, qué buen relato, excelente… me he reído mucho al final…
    debes tener una novia muy feliz, y ahora una admiradora más del otro lado del planeta…
    admiradora de tu excelente escritura, claro, ¿de qué otra cosa podría ser?

    • Debería decir aquello de que esto es ficción y que “todo parecido con la realidad es pura coincidencia”. Debería hacerlo, no dejo de repetírmelo. Y si no lo hago es sólo porque soy de esas personas que prefieren dejar para mañana lo que pueden hacer hoy. Sólo por eso 🙂
      Gracias por tus palabras, y recibe un abrazo intercontinental.

    • Siempre es bueno estar prevenido, más si viajas en avión.
      Me alegro de que te lo hayas pasado bien con la lectura. Como he dicho más arriba, saberlo ya es parte de la recompensa por escribir.
      Un abrazo, Nergal.

  6. Un sabroso relato que me ha recordado que hace años que no me la mido. Esperaré el momento propicio, una de esas mañanas que te despiertas después de un sueño húmedo con la sábana en tienda de campaña, no quiero deprimirme al ver que además del salario, las pagas, las expectativas, también se me ha recortado el pito.
    ¿El tamaño es importante? Yo pensaba que no, pero desde que vi el anuncio de “porque yo lo valgo” me quedé dubitativo. No sé si además de para el tema sexual, ellas lo consideran como un homenaje a su valía.

    • Una tienda de campaña… ¿Estamos hablando de una canadiense de dos plazas, de un iglú para cuatro personas o de una carpa de circo? Esto no ha quedado suficientemente claro en tu comentario. A la espera de que la niebla se disipe en este particular, llegamos a la pregunta del millón: ¿El tamaño es importante? Creo que, una vez más, ellas tienen la última palabra 🙂

  7. Ese empujon de endorfinas ha resultado ser muy creativo !! Bien por Carroll (aunque él no conocia el spinning). Ha sido genial. Gracias de nuevo.

    • Ah, las endorfinas, la superdroga de los asquerosamente sanos. Muchas ideas surgen mientras pedaleo, nado o camino. Pero eso es muy viejo: los filósofos de la escuela peripatética ya caminaban mientras leían o pensaban.
      Me alegro de que te haya gustado, Pep.
      Un abrazo.

  8. Joder Jorge, nunca hubiera imaginado que tener la polla grande saldría tan caro. ¡Eso le pasó por presumir! Me aprendo la lección para que no me ocurra a mí…

    Un abrazo

    • La vanidad puede resultar una amistad muy peligrosa. Por cierto, no queda claro si la lección que has aprendido con este relato tiene que ver con tu propia vanidad o con la vanidad de los demás… 🙂
      Un abrazo, Pepe.

  9. Pues una cosa es que os importe pero otra es que os suicidéis y más si sois pilotos, joer que no es para tanto. ¿O es que creeis que las mujeres solo eligen a los de tamaño XXL? Va a ser que no, también importan otras cosas. Pero vaya, el piloto el pobre con su ego herido capaz de cualquier cosa era…
    Besos
    Ana

    • Ay, los egos heridos, cuánto daño pueden hacer. He oído decir a algunas mujeres que los hombres deberían ser como las camisetas y llevar el tamaño de su pene escrito en la frente. Reconforta saber que, como tú, no todas pensáis así 🙂
      Un abrazo, Ana.

    • A veces los comentarios, y las respuestas a los mismos, son tan divertidos o más que el post que los ha propiciado. Eso es lo bueno de la interacción entre el autor del blog y sus lectores, que al comentar pasan a ser también autores.
      Un abrazo, y gracias por tus palabras.

  10. Acabo de darme cuenta del por qué de tanta risa en los vestuarios de la piscina 😦

    25 centímetros, con eso haces tres como la mía, acto de justicia sin duda lo del piloto 😀

    Abrazos melenitas, luego me paso que llevo prisilla.

  11. Jajajajajajaja!!!! Que rebueno!!!! jajajajaja Me ha encantado. Me ha sorprendido del todo, genial (y en confianza, importa… pero no tanto jejeje)
    Besos desde el infierno!!!!!!!!

    • Eso de “Que rebueno!!!!” ya me ha alegrado la mañana 🙂 Gracias, gracias, gracias. Ah, el ego del escritor…
      Dices “importa… pero no tanto”. Ay, esos puntos suspensivos… le quitan cierta credibilidad a tu confidencia 🙂 y mira lo que acaba de decir Dessjuest de los vestuarios de su piscina.
      Un abrazo (desde el fondo del mar)

  12. Bueno, que releyéndolo he reparado que el tipo sí, la tenía pequeña, pero se había zumbado a todas las azafatas, porque se reían, y él mismo dice que las mujeres se reían cuando le veían en bolas.

    Que no, que lo importante no es tenerla grande, es zumbarte o no azafatas 😀

    • Y no sólo azafatas, me apresuro a apuntar aquí en defensa de otros gremios femeninos. Peluqueras, enfermeras, bomberas, profesoras, dependientas de lencería y diputadas del Congreso podrían sentirse heridas, y con razón, por lo discriminatorio de tu comentario. Pero yo, que te conozco bien, creo que se ha tratado de un lapsus, que en tu mente justa e imparcial estaban todas ellas. Y, sí, tal vez algunas más 🙂
      Un abrazo Dess.

      • Hombre, en la historia se sonreían las azafatas, no quisiera yo dejar fuera a colectivo alguno, pero hasta que no se sonrían mejor damos la presunción de inocencia 😀

        De todas maneras habría que concretar el tamaño del miembro del piloto, por ver en qué situación quedamos cada uno.

        Abrazos melenitas.

      • Es que las azafatas son risueñas, siempre con esa deslumbrante sonrisa profesional. Pero no quisiera jugar al despiste. En la historia, las azafatas dejaban escapar risitas por motivos que todos intuimos, es cierto, pero sólo es eso, intuición, no seguridad. Lo del miembro del piloto, esto es, sus dimensiones, quedará para siempre oculto en el reino del misterio. Tal vez era un hombre normalmente servido, por qué no, pero ligeramente inestable a nivel psicológico (¿un piloto inestable? Pues sí, ¿no hay presidentes del gobierno con el cociente intelectual de un trozo de queso brie?) y seguramente la lectura del esclarecedor post de Inma, “El tamaño sí importa”, terminó con su precario equilibrio mental. Pero esto es sólo una hipótesis. Me temo que nunca lo sabremos. Habrá que vivir con ello.
        Abrazos Dess.

      • Es que es un tema que me preocupa, desde que una me pregunto en pleno acto “si ya estaba dentro”, no sé, me sonó a que insinuaba algo raro respecto al tamaño, que ojo, midiendo la cosa como se debe medir, en milímetros, no es asunto baladí, que llega a 100.

      • El uso de centímetros en algunos tipos de mediciones (como la que nos ocupa ahora, sin ir más lejos) me parece arbitrario a la par que cruel. El milímetro es una unidad mucho más… democrática, frente a los elitistas centímetros. No obstante, y para casos desesperados (¡no el tuyo!) yo recomendaría el nanómetro, que, como milmillonésima parte del metro (tampoco es necesario especificar esto; la que no lo sepa es su problema) dignifica y refuerza la autoestima a partes iguales. Sigue mi consejo: usa medidas a tu medida, y se acabaron esas tontas inseguridades. Y no te preocupes por lo de “si ya estás dentro” en pleno acto. A mi me lo han llegado a preguntar, no en pleno acto, sino compartiendo saco de dormir en la montaña. La sensación de nulidad que te deja es incomparable 🙂

  13. Menudo final.
    Al final el piloto, con todos sus complejillos hormonales, os terminó metiendo bien el pollazo.
    ¿O se destabilizó el avión cuando el pobre hombre se levantó de tu lado?
    Un abrazo, boina. Y no la saques de paseo a menudo.

    • Bueno, bueno… Tú, como todo buen escritor, sabes que la primera persona del singular no siempre denota una correlación exacta entre lo que escribes y tu realidad. Naturalmente, no estoy diciendo que éste sea el caso en el relato que nos ocupa 🙂
      Sea como sea, me encanta que te haya gustado el final.
      Un fuerte abrazo, Jesús.

  14. jajaja aqui me tienes muerta de risa delante del ordenador. Fijate que cuando me dijiste el titulo pense que iba de penes y cuando he podido pasarme a leerlo he pensado que no, que querias despistarnos, que iba a ir de otra cosa. Se me paso la entrada de Inma-terremoto (desde que empezo el 2013 os tengo a todos descuidadisimos) asi que ahora la leere.
    Que si el tamanio importa? Pues claro! A mi esa de 25 cm me ha dado un poco de no se que… o has puesto el tamanio a posta para que te digamos que “eres la polla”? :mrgreen:
    Un fuerte abrazo

    • “Eres la polla”, “eres cojonudo”, “eres la leche”… (¿debería continuar o estamos en horario infantil?) son expresiones, qué duda cabe, lisonjeras. Sí, tal vez un pelín machistas, pero halagadoras al fin y al cabo. Podríamos abrir aquí un debate sobre por qué “es cojonudo” denota que alguien o algo es muy bueno en algún sentido, y “es un coñazo” todo lo contrario. Esto podría herir sensibilidades, levantar ampollas, crear un ambiente de amargura y crispación. Pero no, éste es un relato para lo que has hecho tú: reírte. Y si lo he conseguido, ya he logrado mi objetivo 🙂
      Un fuerte abrazo de vuelta.

  15. Hola tio.
    Se lo voy a pasar a mi mujer para que sea ella la que opine.
    Estoy absolutamente de acuerdo con la forma de intentar convencer al “pirao”, pero me gusta más el desenlace de la acción con el tío sacandose el aparato…
    Un abrazo.
    Este año no te escapas.

    • Dicen que una imagen vale más que mil palabras, aunque a veces mil palabras pueden herir menos sensibilidades que una sola imagen 🙂
      Convención de Ginebra aparte, espero que este año no haya fugas ni evasiones y sí, nos veamos, que ya han pasado casi veintiocho años.
      Un fuerte abrazo, David.

  16. Pues yo sigo diciendo lo mismo que desde que tengo 17 años.
    El tamaño SI importa. Lo demás son disculpas y más disculpas.
    El relato, genial, pero eso ha dejado de ser algo excepcional en tu caso, amigo.
    Y lo de que te doliera como si fueras negro, me ha llegado al alma. Mi marido tiene un primo pelirrojo que en los años setenta siendo estudiante del MIT – Massachusetts Institute of Technology. Se empeñó en que quería ser negro, porque quería sentir como un negro….
    Yo creo que la cosa iba más por los centímetros que por la justicia social, pero en fin…
    Y por cierto, tu para sicólogo como que no ¿no? 😛
    Besazo

    • Como otras tantas carreras que comencé y no terminé está, cómo no, la de Psicología, y eso que me convalidaron el primer año. Pero ni así.
      Y no creo que el estudiante del MIT, el primo de tu marido, sea un caso aislado 🙂
      Me alegro de verdad de que te haya gustado el relato (¡se gestó sobre la bici estática!).
      Un abrazo.

  17. Este escrito es una mierda. No tienes gracia, no tienes talento. He pasado auténtica vergüenza leyendo esta gigantesca porquería. Lo siento, no suelo ser tan brusco pero tenía que decirlo. Suerte.

    • Hombre, Gouda, llevaba ya un año escribiendo este blog y rezaba todas las noches para que alguien como tú, con nombre de queso, entrase y me dejase un comentario inteligente. Observo que tu blog se titula “retoricasimiesca” y sí, viendo la cara que luces en la foto, uno debe admitir que por lo menos eres capaz de mantener cierta coherencia, que ya es mucho en los tiempos que corren. Es posible que mi relato, por su temática, haya herido tu enorme sensibilidad 🙂 Por lo menos ya tienes algo grande (otros no pueden decir ni eso). Suelo entrar en los blogs de la gente que me comenta, pero con el tuyo haré una excepción. Te daría publicidad, y viendo lo bien que escribes, a ti no te hace falta.
      P.D.: Y, Gouda, por favor, no te tomes a mal lo de la cara de gilipollas. Yo tampoco suelo ser tan brusco, pero tenía que decirlo 🙂

  18. Sempre he dit que l’alcohol i els avions no són bona barreja, algun dia en faré un relat d’un cas que em va passar tornant de Finlandia, però encara no l’he pait bé. La entrada al relat m’ha semblat una mica heavy, molt a saco, però resultona, això sí. I la història és per petar-se de riure, malgrat el final tan poc agradable… Però la conducció de la narració és creible, fins que es treu la eina de 25 centímetres… el Nesy!! Bé, el catxoendeo ha de ser exagerat o no és. Bona manera de començar l’any i de celebrar el Carnaval.
    M’ha agradat el conte, molt original i creible, dins de la paranoica situació vital del pilot.

    Ens anem seguint!

    Ferran

    • La piedra angular de la hipérbole consiste en que no se te escape de las manos, algo que no resulta fácil. Como entusiasta de esa figura retórica, conjugar la exageración con la verosimilitud termina convirtiéndose en un desafío del que no siempre consigo salir airoso. Me alegra que te haya gustado el cuento, Ferran, más aún teniendo en cuenta que eres un lector exigente.
      A ver si te decides a contarnos qué pasó en aquel vuelo procedente de Finlandia.
      Un abrazo.

      • Un Rus que em volia emborratxar en ple vol, però encara no he pogut asimilar la situació, una mica estranya, amb la seva dona xerrant en anglès amb la meva i ell i jo xapurrejant el nosequè. Al final podia ser divertit i tot, però encara em falta pair-lo millor.
        I la hiperbole del conte està molt ben resolta.

      • Una pareja de rusos, conversaciones ricas en equívocos, vodka “duty free” en plan barra libre, tal vez el avión entrando en una zona de turbulencias… Y dices que aún no lo has asimilado… Ferran, eso tiene muy buena pinta. Pero que muy buena.

  19. Jajaja! muy bueno Jorge, como siempre.
    No pienso medírmela.
    Es mas, no pienso hacerlo nunca, me conformo con lo que tengo y ademas, se que eso es lo adecuado.
    Me alegro de que coincidamos también en el gusto por el deporte. Acabo de salir de una clase de spining y leo estos comentarios….
    Eres un crack y estoy orgulloso de haber compartido experiencias contigo. Aun compartiremos mas, seguro.
    Sobre el tamaño: eres grande.
    Un fuerte abrazo desde Asturias.
    Hasta siempre.

    • En la vida, el conformismo no siempre es la mejor opción. En el tema que nos ocupa, sin embargo, creo que es lo más acertado 🙂
      Sobre el deporte y las endorfinas podríamos hablar largo y tendido, aunque como en el caso del sexo, la práctica es mucho mejor que la teoría.
      Me alegro de que te haya gustado este pequeño cuento, pero me alegro todavía más de que después de tantos años aún estemos ahí. Quién iba a pensar eso cuando reptábamos por el barro.
      Gracias por tus palabras, y por tu amistad.
      Un fuerte abrazo, Tino.

  20. Hola Jorge…Jajajajajajaja, tu relato buenísimo, me ha hecho reír bien a gusto, y esto es tan importante especialmente en estos momentos, como respirar.
    Pero recordar hombres, que las mujeres somos malignas, y ante el debate sobre porque es “cojonudo” lo bueno y “coñazo lo malo, y la venganza de las mujeres es cruel, ahí salió lo del tamaño, paparruchas, paparruchas, no sufráis, que es todo un gran invento para humillar vuestra vanidad, la de algunos, vaya.

    Sois genios, si, me costaría un mundo, siquiera intentar escribir de esta manera, original y amena, por eso mi admiración.

    Un abrazo.

    • Hoy quisiera ser uno de esos profesionales del espectáculo que, tras sufrir un duro revés en lo personal, son capaces de salir al escenario y hacer reír al público como si no hubiera pasado nada. Hoy es un día muy duro para mí, por cuestiones personales, y mucho me temo que no soy uno de esos profesionales de los que hablaba. Tu generoso y divertido comentario merecería una respuesta que estuviese a la altura, pero por una vez, me fallan las palabras.
      Sin embargo, sin embargo… saber que te he hecho reír, y contar con tu sincera admiración… has conseguido que sonría con los ojos. Y eso, hoy, es mucho.
      un millón de gracias.
      Un abrazo, Karmel.

  21. Escribo desde el móvil por décimo sexta intentona. No sólo me ha encantado y sorprendido (a la par q me he desconjonado) sino que encima se me ha hecho corto (no será por los 25 cms, no). Oye, Jorge, qué es eso de que hace mucho que no escribes? O sea, llego mal y tarde? Haz el favor de escribir más, hale, hale, ya estás tardando!

    Un abrazo tardío, pero más vale tarde si la picha es buena (lo digo por el relato, ejem)

  22. Mira, lo de tu blog conmigo no tiene nombre. Es la tercera vez que entro para hacerte un comentario. Las dos anteriores por el móvil y ni por esas. Lo cachondo del tema es que encima me ha dicho que mi comentario ya se había emitido dos veces.

    En fin, te decía que qué es eso de que ya no escribes tanto? Relatos como estos han de compartirse con el resto, que además de partirme de risa (y encima la mención a Inma para qué más) me he “bebido” el escrito en dos nanosegundos porque es de lo más divertido. Así que vamos, ya te estás poniendo las pilas y escribiendo como un poseso, que parece que he llegado mal y tarde.

    😦

    • La moderación de los comentarios de algunos blogs (y al parecer, éste también) es un poco como el Triángulo de las Bermudas, la Atlántida o el eslabón perdido: enigmas sin resolver.
      Lo de mi escritura es menos enigmático pero mucho más prosaico: falta de disciplina, dispersión, atrofia mental… Pero se agradece el estímulo. Quién sabe.

      • Yo estoy en ello pero ando dispersa. Gracias por tu comentario en Analogías 🙂 Muy listo tú! No había caído en los “beneficios colaterales”.

        Ya sabes lo que dice Inma con respecto a escribir. Ésto es como el follar, como lo dejes, te acostumbras…Y cuanto más escribes más fluye.

      • Cuidadin con lo que decis de mi, que sigo suscrita a los comentarios.
        Cuando he sido yo tan vulgar como para usar la palabra follar? No la creas Jorge

      • No, hombre, tranquila, todos sabemos que el rascar y el follar, todo es empezar…jajaja. No, si ahora estás en modo-estrecha…Amos no me jodas, Inma, no me jodas… jajaja

      • ¡Chicas! Haya paz… Ayer por la tarde, biblioteca pública: clases de un-poco-de-todo. Protagonistas: Mi sobrino de 9 flamantes años(Gabi), mi Madre (convidada de piedra) y yo (Tito). Al final de la clase mi madre va a los servicios, Gabi fantasea con la idea de que vayamos a jugar con sus pistolas Nerf y yo curioseo con las novedades dispuestas con gusto en el estante de la entrada. “Cómeme”, se titula el libro que elijo para hojear. ¿De qué va, Tito?/ Nada, tonterías de mayores/ Venga, dime de qué va/ Sexo, básicamente/ Dime algo del libro, ¿qué dice? /Nada, tonterías/¿Empieza con la letra f?/¡Chaval!

      • Menos mal que no te dio por escoger las 50 putas sombras…(y que no vienen ilustradas). Haberle dicho que se trataba de un libro de cocina!!!

      • ¿Con el dibujo en la portada de una mujer en topless bajándose el tanga? El chaval tiene 9 años, y es posible que le guste el programa de Karlos Arguiñano, pero yo creo que no habría colado.

      • Lo que habría que analizar es por qué elegiste tú el libro de una tía bajándose el tanga y en topless y no por ejemplo, “la insoportable levedad del ser”…jajaja

      • Debo decir, en honor a la verdad, que en aquel estante sólo había libros de contenido sexual, no sé si porque tocaba esa semana algo así o porque el estante estaba junto a los lavabos. Lo cierto es que ahí no había nada de Kundera que me pusiera en la difícil tesitura de tener que elegir 🙂

  23. Jaaajajajaja pensaba dejar ya la lectura por hoy , pero hijo como me tienes enganchaita a tus relatos me he dicho para mi misma!!, quién dijo miedo? Uno más aunque tenga que madrugar!! Jaaajajaja y qué me estoy riendo tesoro!!!, que manera de explicar las cosas y llamarlas por su nombre sin miramientos ninguno!! Jaajaja y tan bien estaba disfrazado de Mandela que lo confundió con un chico de color?? Jaaajajaja que bueno jorge, eres de cuatro jotas hijo, como los jamones!!! Ay mare mía que gracioso eres!!!…Mira que con el relato de antes de Miguel me he quedado un poco mustia, pero hijo de mi vida, enseguida me has resucitao!….jajajaja Jorge por Dios que hasta el militar que está en la Garita de Capitanía haciendo su guardia se tiene que estar enterando de mis carcajadas!!! ..un besaso desde la isla de León!!! …

    • “25 centímetros”… Uno de mis relatos favoritos. La vida no sería lo que es sin la risa. Y si todos riésemos más fuerte y más a menudo el mundo no sería como es. Sería mucho mejor. Así que me alegro de corazón de que te hayas reído. Ése era mi propósito.
      Gracias por tus palabras, Ana.
      Un abrazo desde Barcelona.

      • Y sigo riendo cada vez que me acuerdo!! Precisamente esta mañana corriendo me tuve hasta que parar, la gente pensaría que estoy loca!!…y muy cierto, que sería esta vida sin risas, me encanta reír, siempre o casi siempre lo hago, pero últimamente uno de los que me provocan esas risas eres tú!…Gracias Jorge! Besos desde mi Isla!

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